Escribes una dirección, presionas Enter y aparece una página. Detrás de ese gesto hay varios pasos que ocurren en muy poco tiempo.
Encontrar el destino
El navegador necesita saber a qué servidor corresponde el nombre del sitio. Para ello consulta el sistema de nombres de dominio, conocido como DNS. El resultado le permite iniciar una conexión con el destino adecuado.
Pedir y recibir
El navegador envía una petición HTTP. El servidor responde con un código de estado, encabezados y, normalmente, contenido. Ese contenido puede incluir HTML, hojas de estilo, scripts e imágenes. HTTPS añade protección a la comunicación mediante cifrado.
Construir la página
El navegador interpreta el HTML para conocer la estructura, aplica CSS para presentarla y ejecuta JavaScript cuando la página lo necesita. Algunos recursos se cargan después, por lo que no todo aparece al mismo tiempo.
Este recorrido ayuda a investigar problemas: si falla el DNS, la conexión ni siquiera llega al servidor; si el servidor responde con un error, la petición sí llegó; si el HTML carga pero algo se ve mal, quizá falta una hoja de estilo o una imagen. Separar las etapas es una buena forma de empezar a diagnosticar.